No llegué hasta aquí sabiendo desde siempre quién era.

Llegué porque la vida, una y otra vez, me invitó a regresar a mí.

Y fue precisamente ese camino el que se convirtió en mi propósito.

Hoy entiendo que la vida no vino a romperme.

Vino a mostrarme, una a una, las partes de mí que necesitaban volver a casa.

Desde muy joven, las personas se acercaban a contarme sus historias y a pedirme un consejo.

Durante mucho tiempo pensé que mi deseo de ayudar nacía únicamente del amor.

Con los años entendí que también había otra parte de mí que necesitaba sentirse vista, querida y suficiente.

Descubrir esa diferencia transformó por completo la forma en la que hoy acompaño a los demás.

Por mucho tiempo, viví relaciones marcadas por el abuso psicológico, principalmente en trabajos y siempre creí que el problema era únicamente la persona que tenía enfrente.

Hasta que me tocó vivir el de pareja, fue cuando viví y comprendí algo mucho más profundo.

Esa relación no creó mis heridas. Las hizo visibles.

Me mostró el vacío con el que llevaba viviendo desde hacía muchos años.

Mi miedo al abandono.

La necesidad constante de aprobación.

La dificultad para poner límites.

Y la forma en la que había aprendido a olvidarme de mí para sostener a los demás.

"A veces para que el exterior cambie, primero necesitamos aprender a caminar con nosotros mismos.”

Perderme fue doloroso.     

Pero también fue el comienzo de mi regreso.

Fue entonces cuando, por primera vez, decidí dejar de buscar fuera lo que necesitaba encontrar dentro.

Comencé mi propio proceso terapéutico y descubrí herramientas como el mindfulness, la re-programación mental y la visualización creativa, que me enseñaron a detenerme, observarme y comprender que existía una forma distinta de vivir.

Ese fue el inicio de un camino que transformó mi vida para siempre. Sin saberlo, también estaba comenzando el camino que años después me permitiría acompañar a otras personas en el suyo.

Tiempo después conocí al hombre con quien hoy comparto mi vida y, apenas un mes después, decidí mudarme a Australia.

Muchos vieron una historia de amor, yo viví algo todavía más profundo.

Fue la primera vez que me elegí a mí.

Dejé a mi papá enfermo, a una familia de la que, durante muchos años, me había sentido responsable. Y, por primera vez, escuché la voz de mi corazón por encima del miedo.

Cambiar de país no significó dejar atrás mi historia

Llegar a Australia fue mucho más que cambiar de país. Fue salir del ruido que durante tanto tiempo había ocupado mi vida. En ese silencio, comenzaron a aparecer preguntas que nunca antes había podido escuchar.

Cada pregunta que la vida me hacía despertaba en mí la necesidad de comprender más profundamente al ser humano.

Por eso, cada formación respondió primero a una pregunta que la vida me hizo.

Fue ahí donde me especialicé en el Coaching Transpersonal y la Terapia Sistémica.

También fue donde nació El Arte de Crecer, un proyecto que durante diez años me permitió acompañar a personas de distintos países y que, con el tiempo, evolucionó hasta convertirse ahora en RAIZARE.

Años después de mudarme a Australia, la vida volvió a mover mis raíces.

Mi mamá comenzó a vivir con demencia.

Mi hermana atravesaba sus propias batallas con la esquizofrenia.

Mi papá ya había fallecido.

Desde Australia acompañé todo lo que pude.

Hubo viajes, despedidas, decisiones difíciles y una sensación constante de tener el corazón dividido entre dos países.

Lo más difícil comenzó cuando sentí el llamado de regresar a México para reorganizar la vida de mi mamá y de mi hermana.

Fueron dos meses intensos.

Tuve que vender las cosas que mi mamá había construido durante toda una vida.

Aprender a despedirme de recuerdos.

Y aceptar que ella ya no podía reconocerme.

Diez días después de regresar a Australia, mi hermana murió inesperadamente.

Un año más tarde, en el mismo mes, también mamá decidió abandonar ahora su cuerpo físico.

Después de su partida sentí la necesidad de comprender muchas cosas que todavía vivían dentro de mí.

Fue entonces cuando llegaron la Descodificación Biológica, herramientas de Terapia Gestalt y el Árbol Transgeneracional.

Ya no buscaba acumular conocimientos.

Buscaba comprender la historia que también habitaba en mi cuerpo, en mi familia y en mis raíces.

Cada etapa de mi vida me hizo una pregunta distinta.

Y cada respuesta terminó acercándome un poco más a mi propósito.

Hoy...

Hoy sigo conociéndome.

Sigo cuestionándome.

Sigo descubriendo nuevas partes de mí.

Sigo aprendiendo a amarme y poner límites a lo que me hiere.

Creo que el crecimiento personal no tiene una meta final.

Es una forma de vivir.

Y quizá por eso sigo estudiando, explorando y acompañando a otras personas con la misma curiosidad con la que un día comencé mi propio camino.

Y por todo esto, es el para y el porque acompaño a otras personas no porque tenga una vida perfecta o todas las respuestas.

Las acompaño porque conozco lo que significa perderse, reconstruirse y descubrir que, incluso en los momentos más difíciles, siempre existe un camino de regreso a uno mismo.

Algunas cosas que también forman parte de mí

❤️ Amo las tardes con una copa de vino, música, canto y baile con mi esposo.

🎬 Soy fan del cine.

✈️Me encanta viajar y es lo que quiero hacer el resto de mi vida

📚 Siempre tengo un libro empezado.

🌿 Disfruto irme a un café a trabajar, meditar y estar cerca de la naturaleza.

🤍 Elegí no ser mamá, y esa también fué una decisión consciente, después de acallar el ruido mental y exterior.

Mi formación

Master en Coaching Transpersonal avalado ante ICF

Diplomado en Descodificación Biológica

Terapia Sistémica

Árbol Transgeneracional

Diploma Community Services (Australia)

Coordinadora de Voluntarios en Calvary Hospital

Si hoy estás aquí...

Quizá no sea porque buscas respuestas.

Quizá sea porque una parte de ti ya sabe que ha llegado el momento de mirar aquello que, durante tanto tiempo, ha estado esperando ser visto.

Y si decides hacerlo, será un honor caminar a tu lado